Chapuza 420 : la administración contra la ciencia

 

Estas últimas semanas varios medios de comunicación se hicieron eco de una modificación en los contratos de miles de investigadores. Según las informaciones que tenemos, se cambió el tipo de contrato de contratos por obra y servicio (con código 401) a contratos en prácticas (con el código 420). Este cambio se efectuó para todos los tipos de contratos recogidos dentro de la ley de ciencia 14/2011. Pongámonos un poco en contexto.


 

Hasta hace muy poco, todos los contratos de investigación que dependían de financiación tanto estatal como de comunidades autónomas o de universidades, eran becas. Muchas organizaciones lucharon para que esto cambiase y que, por fin, a la gente que trabaja en ciencia se la reconociera como profesionales desde las primeras etapas de esta larga carrera. Es decir, que se les considerase como trabajadores, pagando cuotas de seguridad social e IRPF y no como estudiantes becados.

El paso de becarios a contratados se hizo, como siempre, a pasitos. Primero, en el 2006 algunos contratos pasaron de ser becas a algo nuevo que hoy llamamos el sistema 2+2. De esta manera, los doctorandos pasaron a ser becarios sólo durante los dos primeros años, mientras que durante los últimos dos estaban contratados por su centro (que podía ser una universidad, OPI, etc.) como personal en prácticas. En el año 2011 se aprobó la ley de Ciencia (14/2011) en la que se recoge el nuevo modelo a aplicar y, entre otros temas, la forma de contratación de los contratados predoctorales y de acceso al sistema de investigación. Esta nueva legislación se acabó de poner en marcha en el año 2013. En ese momento los contratos firmados fueron adscritos, por alguna razón, al tipo de contratos temporales de obras y servicios (401). Hace poco, y por orden del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, estos contratos se cambiaron de obras y servicios a contratos en prácticas (420) sin aviso, de forma unilateral, y retroactiva a todos los profesionales contratados.

En la imagen tomada de un contrato tipo del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, vemos cuáles son los profesionales que se adscriben hoy a contratos en prácticas: personal investigador en formación (predoctorales) y también los de acceso al sistema de ciencia, tecnología e innovación. Aquí vemos los dos tipos de contratos: los del RD63/2006 son los famosos 2+2 y el resto se rigen por la ley de Ciencia. En resumen, la gran parte de los trabajadores de la investigación en España, hasta edades de más de 35 años, son considerados como trabajadores en prácticas.

Clausulas especificas investigadores

Claúsula donde se muestra el nuevo código de contrato en el que se engloba a todos los investigadores predoctorales de España con efecto retroactivo

Las noticias que fueron apareciendo en los medios hacen evidente que alguien cambió estos contratos por alguna razón. Aún no se sabe muy bien el por qué, ni siquiera queda claro quién advirtió de posibles irregularidades en el tipo de contratos por obras y servicios, pero parece que la CRUE pudo jugar un papel importante, como ellos mismos reconocen. Tampoco sabemos en qué medida afecta a nuestras condiciones y derechos laborales. Las únicas respuestas que hemos obtenido  es que nuestros contratos se rigen por la ley de ciencia y que son “especiales”. En definitiva, no sabemos cuáles eran nuestros derechos ni cuáles van a ser a partir del cambio. Sólo sabemos que antes no cabían en esta denominación, serían irregulares, y ahora se han cambiado para otro tipo en el que también lo serían ya que los contratos en prácticas no pueden exceder 24 meses (según el artículo 11.1 del Estatuto de los Trabajadores), y los predoctorales suelen durar entre tres y cuatro años. Desde luego este cambio no es un mero cambio de nomenclatura. Parece que nadie reparó en las posibles consecuencias legales y ahora todos estamos en un limbo legal que no sabemos cómo se resolverá.

Ahora que ya habéis conseguido intentar entender todo este lío, os cuento. Sí, muchos investigadores jóvenes lo entendemos sin leer más que cuatro palabras. No por estudiar más ni mejor, sólo porque nos obligan a leer el BOE durante meses buscando los criterios con los que nos van a valorar nuestros contratos. Porque tenemos que estar pendientes de si tenemos que poner un recurso sobre la valoración de algún proyecto, o si va a salir una convocatoria y se cambiaron las bases… Un ejemplo, en la Comunitat Valenciana se cambiaron todas las bases de regulación de las ayudas a la ciencia este año. Estas bases reguladoras se retrasaron meses. Cuando salió la convocatoria, teníamos 20 días naturales para rellenar las solicitudes. Subieron exageradamente las notas mínimas de acceso a las ayudas predoctorales, para algunos proyectos hacían falta compromisos de cofinanciación por parte de los departamentos, en otros, avales ni más ni menos que por parte de premiados con el Jaume Ier. Esto es el día a día de un investigador: leer convocatorias, rellenar informes y demás burocracia tortuosa.

Este último palo que nos cae a todos, no es el primero ni será el último. Nos duele más quizás porque nos dicen que estamos “en prácticas”. Sí, estamos en formación, pero llevamos a cabo la investigación. Los investigadores principales se dejan la piel buscando financiación y nosotros la nuestra en los proyectos. El sistema, y los resultados de la investigación, se sigue sosteniendo a pesar de los recortes, porque nos gusta nuestro trabajo, e incluso en estas condiciones lo hacemos. Es peor, no sólo lo hacemos, si no que queremos quedarnos, o volver.

En resumen, esta última semana salió en los medios la realidad de la carrera investigadora, otra vez. Hagamos lo que hagamos, siempre nos consideran como un gasto. Nos dicen que tenemos que ser “excelentes” pero nos merma una administración chapucera.

 

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