Transgénicos, cáncer, y las cabras de dos cabezas

En los últimos días, a raíz de un estudio realizado por científicos franceses, la noticia de que los transgénicos producen cáncer ha corrido como la pólvora. ¿Representan realmente los transgénicos un peligro para la salud? ¿Ha encontrado el equipo francés algo que todos los demás equipos habían pasado por encima? 

Hace bastantes años, doce o catorce, recuerdo que en un pueblo de la zona en la que vivía (y desde la que escribo ahora mismo, pocos días antes de marcharme a Sevilla) nació una cabra de dos cabezas. Creo que fue en Alija del Infantado, que está a poco más de una decena de kilómetros de mi pueblo, Arrabalde, pero puede ser que fuera otro pueblo cercano (no he sido capaz de encontrar artículos sobre el tema). El tema es que la noticia corrió como la pólvora, y hasta apareció en los periódicos locales. Y bastante gente de otros pueblos fue a ver al malogrado animal (como suele pasar en estos casos, no duró mucho, aunque no sé si sacrificaron al animal o simplemente murió), que el propietario tenía puesto bien a la vista.

¿Y qué tendrá que ver una cabra de dos cabezas con el estudio del equipo liderado por Seralini, os preguntaréis? Pues, así a bote pronto, más bien poco. Pero todo llegará. 

El caso es que a raíz de un estudio bastante polémico sobre los efectos de un maíz modificado, han corrido ríos de tinta sobre la posible relación entre transgénicos y cáncer. Desde la nota alarmista de El Mundo, que no menciona ninguna opinión aparte de la del equipo, al artículo mucho más crítico de Materia, pasando por el extenso artículo de El País, que da voz tanto a detractores como a defensores del artículo. Por supuesto, estas han sido sólo algunos de los artículos más visibles sobre el tema, ha habido muchos más. Y el caso es que todas las críticas parecen apuntar al mismo sitio: la debilidad del análisis estadístico. 

200 ratas, o las Termópilas transgénicas

LeónidasCasi como los espartanos de la leyenda (la historia cambia un poquitín), 200 ratas se enfrentaron en solitario a las hordas transgénicas, dejando su vida para permitir organizar una defensa y que ningún otro animal sufriera el cruel destino de ser alimentado con estos engendros. Bueno, 200 no, 180, que 10 machos y 10 hembras se destinaron a hacer los controles. Siguen siendo unas cuantas. Sin embargo, los experimentos se realizaron teniendo en cuenta por separado a ambos sexos. Bueno, eso aún nos deja 90 ratas para cada condición, debería ser más que suficiente, aunque el control queda un poco pequeño. 

Sin embargo, al mirar el estudio vemos aún más divisiones. Para cada sexo se prueban tres condiciones diferentes (con herbicida, con herbicida y transgénicos y sólo con transgénicos), dejando sólo 30 ratas para cada condición. Y para condición, además, se aplican tres dosis diferentes, dejándonos sólo con 10 ratas para cada combinación de variables. El resultado final es que las pobres ratas podrían caer derrotadas… pero no por las hordas transgénicas, sino por un enemigo oculto: la estadística. Y es que los tamaños de los grupos experimentales son pequeños, pero aún más alarmante es el reducido número de sujetos control (del mismo tamaño del grupo experimental), que no permite conocer el desarrollo habitual de tumores en este tipo de ratas en estas condiciones. En resumen, los grupos, especialmente el control, no parecen lo suficientemente grandes como para garantizar un análisis fiable. Y es que al realizar, por ejemplo, un análisis de la mortalidad, una rata que caiga antes de tiempo o después en el grupo control hace cambiar de forma impresionante el contraste con todos los grupos. 

Eso sin mencionar un hecho que los propios autores del estudio parecen ignorar a propósito: aunque no ocurre en las hembras, en el caso de los machos todos los grupos con las mayores dosis de glifosato y alimentación transgénica presentan una esperanza de vida mayor que la de los grupos de control. La excusa que se da es que sí, que vivieron más, pero tenían tumores. 

Pero volvamos a la parte de los datos recogidos. En las propias conclusiones del artículo se cita un dato sumamente preocupante: todos los tratamientos presentan una incidencia de tumores de 2 a 3 veces mayor que la del grupo control*. Y esto nos lleva a otro asunto…

¿Es la muestra realmente tan pequeña? 

Lo cierto es que estos datos son tremendamente preocupantes, se miren por donde se miren. Pero realmente esto nos lleva a algo aún más preocupante, y es la supuesta ceguera que implica los ganaderos y veterinarios de medio mundo. Aunque ha habido muchos otros tipos de maíz modificado genéticamente en el mercado, no hace falta irse tan lejos. El maíz analizado, el NK603, lleva en uso desde el año 2000 en Estados Unidos, y está autorizado en unos cuantos países más, entre ellos los de la propia Unión Europea, que permite su comercialización pero no su cultivo. Y no estamos hablando de un maíz transgénico cualquiera, sino de una de las conocidas variedades Roundup Ready. Además del propio Roundup, que es básicamente una formulación del glifosato. Es decir, estamos hablando de productos encontrados en prácticamente toda la alimentación animal y humana. Además, el estudio sugiere un efecto umbral, que sitúan en dosis bajísimas para el caso del glifosato (50 ng/L de agua de la formulación comercial de glifosato utilizada). 

Así pues, una pregunta se me viene a la mente… con un potencial tan enorme, ¿se habrá producido algún incremento del cáncer entre la población? Resulta que si nos vamos a Estados Unidos, que autorizó este cultivo en el año 2000, la incidencia del cáncer de mama, uno de los indicados por el estudio, ha bajado desde que el cultivo se aprobó, cosa que también se cumple para la incidencia general combinada de todos los tipos de cáncer (los datos los he sacado de esta página de estadísticas del CDC, que llega hasta 2008 y permite ver la evolución de muchos tipos de cáncer). Por supuesto, al intervenir muchísimos factores, esto no prueba nada. Y, sin embargo, llama la atención que, ante el aumento a la exposición a un producto tan potencialmente dañino, la incidencia de cáncer no sólo no aumente, sino que disminuye. Por desgracia, no he encontrado datos anteriores a la introducción del herbicida en cuestión, y es que esta serie, la más completa que he encontrado, sólo llega hasta 1999. 

Así que, o bien se nos sigue pasando algo por alto, o bien este estudio falla por alguna parte. Y, sin embargo, hay una tercera opción, que a nadie le suele gustar comentar… 

¿Y si nos están tomando el pelo? 

A pesar de que está feo dudar de la honestidad de otras personas, en este caso parece importante señalar que, a pesar de la declaración de los autores de que no existe conflicto de intereses al realizar el estudio, yo no me lo creo del todo. Y no me lo creo por una sencilla razón: el investigador principal lanza el próximo 16 de octubre un libro contra el uso de transgénicos, cuya portada podéis ver al lado de estas líneas. Uno más de una modesta lista. Y el caso es que a raíz del artículo, el libro en cuestión ha subido como la espuma en las listas de ventas en Amazon (en Francia y Canadá, donde aparece en las listas de los más vendidos en la temática en la que está encuadrado), a pesar de ser pre-pedidos. 

No solo eso, sino que Seralini lleva años insistiendo en la maldad de los transgénicos (sin presentar ninguna prueba hasta ahora), por lo que podría pensarse que hay cierta intención de llegar a la conclusión a la que se ha llegado. 

En conclusión, el primer firmante del artículo perdería prestigio, y muy probablemente dinero, si el estudio hubiera llegado a las conclusiones contrarias. Y aunque prefiero suponer que no ha obrado con mala fe, me parece que declarar que no se tienen ningún conflicto de interés en una situación como esta no es especialmente honesto. O eso,o tiene un concepto de interés bastante alejado del mío. 

Pero supongamos que los autores han sido honestos, como es de esperar. 

El salto del ángel

Probablemente lo peor de la interpretación que se ha dado al estudio (en buena parte por los propios autores) es que se asume que si un transgénico es malo, todos lo son. Y eso es un enorme salto de fe, incluso en el caso de que se tratara de un estudio con grupos lo suficientemente grandes y replicado por varios grupos de investigación (que, para afirmaciones tan graves como las que se dan, entiendo que debería ser el procedimiento correcto). 

Y, sin embargo, de un estudio mal hecho y con un claro conflicto de intereses del autor principal pasamos a concluir que los transgénicos son el mal de todos los males. Por no hablar del glifosato, que teniendo en cuenta sus diferentes formulaciones es el herbicida más usado del mundo, que no debe haber sido probado suficientemente por ninguna agencia de protección medioambiental o de salud. Y cuyos efectos han sido enmascarados en sus largos años de uso por vaya usted a saber qué cosa. 

Por supuesto, es posible que la mayoría de los estudios estén equivocados, y que el de Seralini y compañía sea correcto en el fondo. Y, sin embargo, este estudio, sin suficientes individuos y con una formulación, en el mejor de los casos, confusa**, no prueba nada, y es que afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias, y no más mediocres de lo habitual. 

Y todo esto me lleva a volver a nuestra amiga la cabra. Hagamos un ejercicio de imaginación. ¿Y si Seralini hubiera decidido analizar los efectos de los transgénicos en la descendencia? ¿Y si hubiera salido una rata con dos cabezas? Pero esa, supongo, es otra historia. 

*Esa afirmación, que está en el estudio, es incorrecta según los propios datos que en el presentan, con algunos grupos presentando el mismo o menor número de tumores que el control (hablando de tumores no regresivos, en todo caso, del total de tumores no presentan datos).

**Recordemos que se están intentando entender los efectos de 5 variables diferentes: sexo, exposición al maíz modificado, exposición al maíz en conjunto con glifosato, exposición a glifosato y dosis, esta última a 3 niveles diferentes, y todo ello con grupos pequeños, en condiciones diferentes a otros experimentos y con grupos de control que no permiten hacer una estimación poblacional debido a su pequeño tamaño. Además de que el artículo no tiene en cuenta desde el punto de vista estadístico el momento de la aparición de los tumores (aunque se menciona muchas veces), que es bastante importante, y las conclusiones que presenta parecen ignorar por completo el complejo análisis estadístico que dicen realizar.

Bonus: Aquí podéis ver las respuestas del equipo de Seralini a las críticas al estudio. Resulta especialmente interesante ver como aluden a un supuesto aumento inexplicable de la incidencia del cáncer de mama inexplicable por la epidemiología. Curioso, tras ver los datos del CDC.

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Jesus Rodriguez

Director
Licenciado en Biotecnología y aprendiz de Bioinformática, por eso de que los laboratorios nunca fueron lo mío. Ahora mismo, en Valencia, aprendiendo cuatro cosas en la UV. A pesar de mi fijación por conseguir ponerle ordenadores a cosas vivas, o hacer que los ordenadores estén vivos, por aquí me veréis metiendo las narices en muchos temas.

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6 pensamientos sobre “Transgénicos, cáncer, y las cabras de dos cabezas

  1. pepe

    Y está claro que el autor de este artículo no tiene ningún interés en fomentar entre la población una actitud favorable hacia los transgénicos.
    Me parece que habéis sobrepasado el límite al intentar justificar a los trangénicos por encima de todo, incluso de los propios estudios científicos.

    1. Jesus Rodriguez Autor del artículo

      Es un artículo que crtitica un estudio que está mal hecho. También en su día critiqué (como tantos otros) el famoso estudio de la NASA sobre el arsénico y mira al final lo que pasó. Un estudio no es infalible, y menos cuando no se toman las debidas precauciones para no cagarla.

      En cuanto a lo que tú mencionas, tengo interés en que nadie piense que un estudio mal hecho es una prueba irrefutable. Pero eso no significa que tenga un conflicto de intereses, que significa que saco algo de que de un determinado resultado u otro.

      Ya me gustaría, no por nada XD

    2. Jesus Rodriguez Autor del artículo

      Y otra cosa más: un estudio mal hecho no tiene por qué estar equivocado (oye, se puede dar acumulación de errores y llegar a algo parecido a la verdad). Sin embargo, no es prueba de nada. Y frente a la cantidad de estudios mejor hechos que dicen que transgénicos y glifosato son seguros, pues como comprenderás, pienso que no hay razón para considerar probado que no lo son.

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